A vueltas con los centros de Educación Especial

Durante el pasado año saltó la polémica sobre el hipotético cierre de centros de Educación Especial, unos dicen que no se van a cerrar y otros aseguran que van a ir dejándolos morir paulatinamente.

Una plataforma de familiares afectados se ha venido a llamar “Inclusiva sí, Especial también”, la cual reprocha a su entidad contraria “Plena Inclusión” que ha caído en la trampa del gobierno, ya que este no prevé un incremento de gasto para el alumnado de necesidades educativas especiales y sigue demandando la inclusión de este tipo de alumnado en la educación ordinaria. Creo en la inclusión y creo que es mejor que estos alumnos estén en centros ordinarios, pero también entiendo que quizá estos no estén preparados para ello. Me transmite mucha confianza Jose Luis Izquierdo, más conocido como Mago Mora, uno de los impulsores de la plataforma “Inclusiva sí, Especial también” pero pienso que hay que ir hacia una plena inclusión, que quizá no sea este el momento adecuado. Puede ser. Pero hacia él debemos ir.

En la escuela hay diferentes ritmos de aprendizaje, capacidades, intereses, motivaciones, expectativas, necesidades… Esto hace de la escuela un espacio rico en aprendizajes. Como se suele decir en la variedad está el gusto.

Un aspecto importante es diferenciar entre integración e inclusión. Ese es el camino a recorrer, el de la integración a la inclusión. Supone pasar a considerar al sujeto como sujeto, como individuo particular en quien recae el problema, a pensar en el contexto escolar en su conjunto, capaz de satisfacer las necesidades de todos los que se encuentran en él.

¿Están nuestras escuelas ordinarias preparadas para pasar de la integración a la inclusión? No solo con alumnado que venga de centros especiales sino con quienes acuden en la actualidad. 

La representación social de cómo vemos la discapacidad es importante, la psicología social nos dice que en tal representación la validez del conocimiento viene dada por el consenso, es decir, establecida por la construcción social. Ha cambiado mucho la visión que tenemos de la discapacidad, existe un consenso de que quienes tienen una discapacidad no son seres endemoniados. 

Si has visto la película 300, que cuenta la batalla de las Termópilas, recordarás que el pastor jorobado llamado Efialtes tuvo que dejar Esparta para no morir en su nacimiento y que posteriormente traiciona al rey Leónidas guiando a los persas hasta el paso donde se encuentra el mermado ejército espartano. Nos muestra una idea de cómo se trataba a las personas discapacitadas en la edad antigua. Concretamente en Esparta a las personas con discapacidad se las apartaba, incluso se ha dicho que los mataban. 

En la Cátedra Iberoamericana de la UIB nos cuentan que en el siglo XIV, los nacidos con alguna deficiencia ya sea física, sensorial o mental, como la sordera, la ceguera, la parálisis, la cuadriplejía, entre otros, eran confinados a grandes encierros, en los que eran exhibidos los fines de semana a manera de espectáculo circense o de gran zoológico, para que las familias se divirtieran un poco, o bien, manejando la conciencia social, rectificaran los actos cometidos en el pasado, por considerar a estos “monstruos” o “fenómenos” como la más grande señal de un castigo enviado por Dios.  

En el siglo XVI en España empieza a cambiar la cosa con experiencias de intervención educativa llevadas a cabo por Ponce de León o Juan Pablo Bonet. Se da la circunstancia de que después de un destacado inicio, este tipo de experiencias languidecen en este país hasta bien entrado el siglo XX. 

Ovidio Declory impulsó la educación especial, en cierta ocasión escribió: la escuela ha de ser para el niño, no el niño para la escuela. Ahora bien, ¿en qué pensaba el pedagogo, psicólogo, médico y docente belga? En un centro especial como el que creo o en un centro ordinario ¿Qué opinión le merecería la polémica sobre el hipotético cierre de los colegios de Educación Especial?

Hay una charla TEDx de Leonardo Garnier titulada Educación Subversiva que me resulta muy interesante como reflexión final. En un momento dice que Nelson Mandela se topa con el Apartheid en Sudáfrica y decide romper esa regla, cuando uno rompe una regla, aunque tenga razón moral uno tiene que enfrentar las consecuencias, dice Leonardo. Mandela pasó 27 años en la cárcel por ser consecuente con sus principios. El Apartheid desapareció.

 

 

 

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