Hablar sobre libros

Vivimos tiempos de cambio, en realidad estamos instalados en el cambio. Las nuevas tecnologías nos han traído la posibilidad de llevar toda una biblioteca en el bolsillo.
Hasta ahora una persona iba construyendo una biblioteca a golpe de volúmenes regalados o adquiridos, iniciaba ese proyecto con el primer libro en la adolescencia, lo seguían cumpleaños, navidades, reyes… incluso alguno que te dejaron y no devolviste. Se sucedían eventos, regalos y la biblioteca iba tomando forma en base a dispares criterios: orden alfabético, color o tamaño de las tapas, temática… Cuando alguien se separaba, después de vivir juntos, debían decidir de quién era cada libro, separar bibliotecas tiene un punto más dramático que acabar una relación, podría darse la circunstancia de que Dumas hubiese estado lomo con lomo con Stevenson, quién es tan cruel de separar esa amistad forjada a golpe de ácaro. Pero entonces… llegó el libro electrónico. Todos esos libros cabían en bits, un solo dispositivo alojaba toda esa biblioteca. Debimos acostumbrarnos a otra forma de leer, sin oler las tapas, sin poder doblar la hoja, sin comprobar a simple vista el grosor.
Los cambios se sucedían.
Y un día llegó una pandemia, nos recluyó en casa y tras un inicio incierto volvimos a leer en nuestro rincón favorito, algunos incluso más que antes, las formaciones a través de videoconferencia se impusieron, pero… También los Clubes de Lectura. En la escuela que trabajo creamos uno que se llamó Club de Lectura Integral, empezamos en junio leyendo El mundo amarillo de Albert Espinosa, continuamos en julio con El Elemento de Ken Robinson , en septiembre Padre Rico, Padre Pobre de Robert Kiyosaki. Durante el pasado mes de octubre leímos El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl y hace unos minutos acabamos de debatir sobre El caballero de la armadura oxidada nos reuniremos vía ZOOM los últimos jueves de cada mes a las 18:00.
Compartir lecturas enriquece la experiencia, siempre hay algún detalle que se te había pasado por alto, resulta interesante contrastar la opinión que uno ha extraído de su lectura.
Sin duda es una actividad interesante.
Ya tuve otra experiencia de este tipo cuando estaba en la radio comunitaria Radiopolis de Sevilla, cada mes elegíamos un libro que hubiese tenido también su versión cinematográfica y charlábamos sobre él ante la audiencia. Se creaba un clima muy interesante aquí relaciono los libros con su correspondiente película sobre los que hablamos:

Existe un decálogo que redactó el escritor Daniel Pennac en su libro Como una novela, sus diez derechos fundamentales de toda persona que lee son:

  1. Derecho a no leer.
  2. Derecho a saltarse páginas.
  3. Derecho a no terminar un libro.
  4. Derecho a releer.
  5. Derecho a leer cualquier cosa.
  6. Derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)
  7. Derecho a leer en cualquier lugar.
  8. Derecho a hojear.
  9. Derecho a leer en voz alta.
  10. Derecho a callarnos.

¡A leer!

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