Heidegger y la inautenticidad

Resulta que en ocasiones hay algún aspecto del saber que me obsesiona, incluso me perturba. Algo parecido me ha pasado estas últimas semanas con Heidegger y su pensamiento. A raíz de un coloquio que tuvimos en la escuela sobre la mayeútica socrática como inspiración en el coaching y que posteé por aquí en el anterior artículo, me surgió la necesidad de descubrir una postura contraria al filósofo griego. El filósofo francés André Glucksmann puso a dialogar en su libro “Los dos caminos de la filosofía” a Sócrates con Heidegger por ser estos contrarios en la concepción de la filosofía, por lo menos en lo que respecta al compromiso con la filosofía.

Rebusqué entre los apuntes de la asignatura Historia de la Filosofía de COU (Curso de Orientación Universitaria), aún los guardo con celo. Corroboré lo que intuía, que el proclamado mejor pensador del siglo XX no estuvo en el programa de selectividad de aquel año, habiendo ocupado su lugar otros contemporáneos como Wittgenstein o Habermas.  Pensé en Youtube, siempre hay algo interesante en esta red. Comenzó un proceso que Sergio Fernández define como bombardeo. Cuando algo te atrape o precise de tu comprensión bombardéate a información, lee todo lo que tengas a tu disposición, mira, escucha… Empecé por los podcast sobre filosofía sin concretar en la figura de Heidegger. En la red por excelencia del vídeo vi una conferencia de Dario Sztajnszrajber para la Facultad Libre de Rosario y su programa Mentira la verdad IV; la exposición de Fernando Sabater; dos programas de Canal Encuentro (canal de televisión argentino) dirigidos por Jose Pablo Feinmann; una interesante entrevista del periodista chileno Cristian Warnken a Jorge Eduardo Rivera para el programa «La belleza de pensar»; una semblanza en una serie llamada “Filósofos” que ahondaba en la figura de Heidegger, una disertación de Gustavo Bueno; uno de los vídeos propuestos por Gustavo Faigenbaum sobre la obra cumbre del filósofo alemán fechada en 1927 “Ser y Tiempo” y una conferencia de Arturo Leyte titulada «Heidegger: el discurso imposible». Más de diez horas de vídeos y aún no llegaba a la esencia, a integrar el concepto de “ser”. Recordé que Sztajnszrajber, un divulgador imprescindible si uno quiere acercarse al universo de la filosofía, recomendó no leer directamente «Ser y Tiempo», según él precisa una lectura previa, una introducción y concretamente proponía “Introducción a Heidegger” de Gianni Vattimo. Directo a la librería fui, el libro llegó al día siguiente. Comencé a leerlo, pensando en que quizás precisaría una introducción a la introducción de Heidegger para llegar a entenderlo. No me dejaré llevar por el derrotismo y admitiré que no sé muy bien cómo Heidegger se iba situando en mi cabeza, llegando a comprender ese existencialismo inherente a su obra a pesar de que él nunca se consideró existencialista. De todo Heidegger hay dos aspectos que me han atraído profundamente: el concepto de la muerte y la vida auténtica. El primero porque tengo cierta predilección por él, ya lo remarqué cuando hablé sobre Sartre en el podcast El Timbre, el pasado mayo de 2018 con el cincuenta aniversario del mes de las flores parisino por excelencia; el segundo tema porque está de candente actualidad.

Respecto al compromiso de las personas, podemos adoptar como punto de partida el nuestro o el de los demás. Cuando elegimos vivir una vida tomando como referencia a los otros transitamos por ella de forma inauténtica lo que conlleva una existencia anónima. La existencia anónima es el reino del “se”, donde domina totalmente el «se dice» o el «se hace». Vivimos en sociedad y es muy probable que en ocasiones nos veamos abocados a la existencia inauténtica, aquella que nos sitúa en el mismo nivel que las cosas del mundo. Vattimo escribe el Dasein (término heidegeriano para superar las etiquetas sujeto o ser humano) inauténtico es incapaz de abrirse verdaderamente a las cosas; no posee esa pureza y conformidad con el hecho que son propias del discurso y de la comprensión. Debemos acercarnos al conocimiento huyendo de prejuicios, debemos leer periódicos que no sean de nuestra “cuerda”, que contradigan el discurso imperante, escuchar opiniones diferentes, debemos incluso intentar comprender el pensamiento de filósofos con el carnet del partido nacionalsocialista alemán, como ocurre con Martin Heidegger… Debemos pensar de forma auténtica… la filosofía y sus autores nos pueden ayudar, aunque sea preciso un atracón de información.

 

 

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