¿Cómo aprendemos?

Les de la Disposición

Interesante el experimiento de Destin, cuando construye una bicicleta cuya dirección está cambiada. Realiza una modificación en el manillar de tal forma que cuando gira a la izquierda la bicicleta va hacia la derecha y viceversa, le llevó ocho meses aprender a conducir de esa manera, curiosamente a su hijo de siete años con dos semanas fueron suficientes. Este nos demuestra que en etapas infantiles la plasticidad neuronal es mayor, se puede aprender un idioma con más facilidad en la infancia. El aprendizaje es más efectivo cuando somos jóvenes, pero… ¿Sabemos como aprendemos?

Para comprender el aprendizaje debemos dividirlo en dos fases concentración y expansión.

En la fase de concentración percibimos los contenidos a través de los sentidos analizando cuales son los elementos significativos, lo que daría paso a una subfase de comprensión y asimilación (síntesis).

Si no realizamos una acción expansiva no habrá aprendizaje, se da en el momento en el que reproducimos lo que hemos adquirido (esquemas, resúmenes, redacciones…)

No cabe mayor duda de que el aprendizaje es un proceso. Pongamos el ejemplo de como aprender a montar la bicicleta, aplicando la curva de Bandura:

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Incompetencia Incosciente (I.I.): No sabes que no sabes. No sé que existe la posibilidad de montar en bici.

Incompetencia Consciente (I.C.): Sabes que no sabes. Sé que existen las bicicletas pero no sé andar en ellas. En esta fase, la curiosidad sustituye a la ignorancia.

Competencia Consciente Total (C.C.): Sabes que sabes andar en bici y te das cuenta de tus errores.

Competencia Inconsciente Total (C.I.): No sabes que sabes. Andas en bicicleta sin saber cómo lo haces, lo tienes interiorizado.

Otro proceso de aprendizaje más, este propuesto por Albert Bandura.

Lo importante respecto al aprendizaje es tener en cuenta que consiste en un proceso de adquisición de competencia. Esto conlleva realizar una conducta que desencadene un aprendizaje, subyace a esto que realizar una conducta supone el deseo de conseguir algo deseable o evitar algo indeseable. Estudiamos por algo y debemos saber porqué. Tenemos un motivo y una finalidad, no son sinónimos. Motivo supone un elemento capaz de generar interés por algo, y finalidad lo que pretendemos conseguir con nuestro comportamiento. Puede ser un buen ejercicio preguntar a nuestro alumnado cuáles son los motivos y las finalidades que tienen con su estudio. Sin duda surgiría el debate de motivos intrínsecos (los propios del alumnado) y extrínsecos (presiones familiares o sociales).

En este punto es clave incidir en la importancia de una conducta de estudio basada en motivos intrínsecos, ya que estos favorecen la dedicación con atención activa y el aprendizaje.

Con esto podremos comprender los mecanismos de aprendizaje. Una opción es planteárselo a quienes estén pasando una mala racha.

Para terminar deberíamos insistir en que existen diferentes estilos de aprendizaje, en Tres Tizas escribí en su día sobre la propuesta de Kolb. Pero es importante dejar claro que independientemente del estilo que se tenga en todos se cumple la Ley de la Práctica de Thorndike “…las conexiones (el aprendizaje) se refuerzan con el uso y se debilitan con el desuso”.

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