Melancolía plateada y otras argentinofilias

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Suena el bandoneón de Piazzolla en mi reproductor como lo hacía hace veinte años en la isla de Formentera, poniendo banda sonora a una de los parajes más bellos que jamás he disfrutado. Creo que fue entonces cuando cristalizo una argentinofilia que quizá plantó su semilla en el mundial de México ’86. No es de extrañar que mi mejor amigo aquí en mi pueblo de adopción sea un argentino, en él siempre he encontrado lo que creo que caracteriza a esta gente del cono Sur: un gran sentimiento de libertad y una clase fuera de lo normal para convertir las derrotas en victorias. Perder ganando es lo que hizo Juan Martín del Potro en lo que para mí es una de las actuaciones más importantes de estos pasados Juegos Olímpicos de Río. A del Potro se le perdonan desaires como los de “A Nadal le sacaremos el cazón del orto“. Su llanto tras la final, la ovación de un público brasileño siempre hostil con su enemigo en la región como es Argentina, su reposición tras tres operaciones de muñeca, su victoria ante Djokovic en primera ronda o Nadal en semifinales, su entrenamiento sin entrenador que lo llevase…  Esas lágrimas tras la final con Murray son para mí la imagen de los juegos, aunque rivaliza con la de Federico Bruno, también argentino, corriendo de lado los últimos siete kilómetros de la maratón por calambres, quién puede decir que este atleta perdió entrando en el puesto 137. Los argentinos pierden ganando, lo han dado todo antes de caer y yo quiero perder así también. Muchas veces he perdido en mi vida y me he dado cuenta que debajo de una pérdida está escondida, agazapada, una victoria futura. Solo hay que esperar, dejar que el tiempo atempere la derrota, aunqure es preciso tener la capacidad de leer entre líneas porque a veces las victorias se hacen difíciles de distinguir entre la rutina.

Quién no se conmueve con las palabras de Agustín Pichot capitán de la selección Argentina de Rugby antes la final de los perdedores (tercer y cuarto puesto del mundial de 2007), cómo se la bancó. Antes de jugar el partido ya habían ganado, también lo hicieron, consiguieron el bronce jugando contra Francia que aquel mismo año había sido campeón del seis naciones.

Leer los cuentos de Poe a través de la traducción de Cortazar; el bandoneón de Astor que ahora escucho; el tango “Por una cabeza” bailado por Al Pacino y Gabrielle Anwar en “Esencia de mujer”; un asado con un alfajor de postre; una viñeta de Quino; la dialéctica de Jorge Valdano; el tratado sociológico del siglo XX escrito por Enrique Santos Disepolo en el tango “Cambalache”; la mano de Dios cantada por Rodrigo; un gorro de lana traído por mi hermano de la Patagonia; la moto de Fuser y Granados; la amistad de Miguel Ángel… Sufro argentinofilia, lo sé.

Y todo esto porque ayer de vuelta de la playa vinimos escuchando el CD “Honestidad Brutal” de Andrés Calamaro, que hoy cumple años al igual que una vieja amiga. Felicidades a ambos.

Si he de perder que sea a lo argentino, dándolo todo.

Por cierto yo hoy venía a recomendar un podcast que publiqué en EducaconTIC, concretamente uno que habla sobre Educación Expandida.
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