Ayúdame a no perder el tren


¿Recuerdas esa sensación de tener un examen importante dentro de un mes y saber que con lo que llevas estudiado no llegas ni al dos? Pues así estoy yo.
Resulta que hace unos meses me comprometí con la biblioteca municipal de un pueblo cercano a colaborar con la “Noche abierta” que celebran el 26 de octubre (consiste en abrir los centros culturales del pueblo durante la toda noche). Todos los años la realizan en torno a un tema principal, el de este año es “EL TREN”. Se me ocurrió que podía colaborar realizando un monólogo sobre el tren y la literatura, tengo el esbozo mental de lo que podría ser. Mi idea es caracterizarme como un interventor. Al ser por la noche plantearé que soy el representante de los interventores en sus sueños, obviamente les plantearé a la audiencia que están soñando. Hablaré un poco sobre el sueño, los sueños, fases REM y sueños profundos y defenderé al colectivo de representantes de banqueros en los sueños que en estos tiempos están teniendo mucho trabajo y no precisamente en dulces sueños. Pero el grueso del monólogo (pretendo que no sea más de media hora) está en sacar a la luz la relación entre la literatura y los libros. Comentaré las veces que los autores y autoras en sueños han dialogado conmigo y como soy el inspirador de muchos de sus personajes. Por ejemplo, cómo me caí a propósito del tren cuando Tolstoi estaba en mi sueño y al día siguiente le inspiró la parte inicial de Anna Karenima; de la época en que Graham Greene no hacía más que soñar y soñar con trenes (¡Menudo trabajito me dio el bueno de Graham con su tren de Estambul!); Azorín y su tren nocturno; Agatha con su asesinato en el Orient Express, su tren de las 4.50 o el misterio del tren azul con pena comprobé que su última novela se inicia en un aeropuerto (Pasajero a Frankfurt); las referencias de Primo Levi a los trenes de la muerte que pretendían la solución final;  el canadiense Eric Wilson que se atrevío a emular a Agatha en su “el asesinato en el Canadian Express” y muchos otros como Patricia Highsmith, Zola o Crichton…

Pero estoy estancado, necesito más referencias. Por eso te pido a ti que lees este blog y que has leído algún libro, cómic o lo que sea en donde aparece un tren que me lo hagas saber, me estarás ayudando.

Espero tus comentarios.

¡Mil Gracias!
Y para terminar Antonio Machado, ese viajero “profesional” en ocasiones obligado:

EL TREN

      Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos… para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar, 
siempre nos hace soñar; 
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh, el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz…
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!…
¡Y la niña que yo quiero,
ay, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
Antonio Machado
 
 
Crédito de la imagen: Dr. RawheaD 

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