Yo soy andaluz, andaluz, andaluz

No todo fue reflexión. Foto de Manuela Ruiz.

¿Recuerdas esa característica del ajedrez en la que un peón se convierte en cualquier otra ficha (habitualmente reina) cuando llega al final del tablero? Pues eso pasó este fin de semana pasado. Invisibles peones nos convertimos en reinas por un día (quizás sea injusto decir por un día, porque yo soy de los que piensa, que sirve de mucho lo que se hizo en el EABE12 los días 9 y 10 de marzo pasados).
Más acertado sería plantear que todas las personas que en Carmona estabamos representabamos fichas del juego de las damas (también llamadas peones). En las que las primeras filas: profesorado de la pública con su plaza fija, profesorado de la concertada, profesorado de Universidad, interinos… Tienen más probabilidad de mantenerse en pie a lo largo de la partida porque tienen una mejor posición… Pero el asunto es que al otro lado del tablero no están peones, nos enfrentamos directamente a damas que no han recorrido todo el tablero para ser coronadas (si un peón llega a la linea base del contrario, se convierte en dama, coronándolo con otro peón). Ahí están los ministros ignominiosos, los consejeros abrazafarolas, las editoriales avariciosas… Ahí están mirando con arrogancia porque creen tener ganada la partida de antemano. Recuerdo que una de las reglas de ese juego es que una dama no puede saltar dos peones juntos. Pues no nos queda otra que juntarnos: padres, profesorado, alumnado, incluso P.A.S.
Pero cómo juntarnos, con emoción diría yo y nada mejor como Andalucía para dar lecciones de emotividad, creatividad e innovación. El EABE12 en su totalidad ha sido un claro ejemplo.
En el grupo en el que participé durante la dinámica de los rincones estabamos sentados Carmen Álvarez, Isabel Ruiz, Anna Sorolla, Ana Gregorio, Carmen Caparrós, Julio Hinojo (ver su comentario a este post) Juanjo Melgarejo, Mar, Marimar Román, Linda Castañeda y Jordi Adell en total doce (las piezas, llamadas peones, podran ser de madera, plastico, hueso o marfil, 12 por cada bando, blancas y negras) Si las cuentas no me fallan, seis eramos no andaluces y seis eran autóctonos (paridad). Una de las dinámicas que teníamos que realizar era la de planificar la portada de un periódico que tratase el tema de emoción, creatividad e innovación. El resultado final fue:

Vaya por delante que me sentí muy a gusto y que se realizó un magnífico trabajo.
El asunto, que va delante de ese parrafo anterior, es que inicialmente se propuso el titular, “Andalucía emociona a Finlandia” creo que tenía más fuerza como titular porque quería simbolizar el esfuerzo de Andalucía por educar con emoción (intrínseco a su forma de ser, sé de lo que hablo mi padre es andaluz), creatividad e innovación. Además tenía el contraste con Finlandia que representa la excelencia, con un marchamo de emotividad nórdica (todos sabemos que queremos decir fría). Pues no. La portada que se “publicó” en La GalaXia 2050 fue la que se ve en la foto hecha por Javier G. Valdivia: “España emociona al mundo”.
Andalucía es España, como lo es el Goierri o L’Empordà pero Andalucía no emociona igual que Peñaranda o Colindres. No. Andalucía emociona con pasión y además de forma exteriorizada. Jesús Eguiguren en su libro “ETA, las claves de la paz”* escribe que habiendo asistido a multitud de funerales era capaz de discernir si la familia del asesinado era vasca, castellana o andaluza, esta última expresaba el dolor de una forma más abierta menos hierática comparándola con la vasca. Me da la sensación que en Andalucía no aprecian lo que tienen deberían exportar su forma de expresión emocional, el mundo necesita tener en sus sistemas educativos personas que enfonquen las intervenciones como se hace aquí.
El EABE fue un claro ejemplo de emoción. Cautro momentos fueron para mí intensamente emocionales por una parte en el programa oficial el “I have a dream”; el ver junto a mi compañera de mesa Carmen Álvarez a Jose Luis Antiñolo levantar la cabeza aún más, mide por lo menos 1’90, para escuchar a Jose Luis Antiñolo Álvarez hablar en público ante 200 personas y el contemplar a un Jose Antonio Jiménez, junto a Dolores Álvarez, llorando durante su merecidísimo reconocimiento  por el buen trabajo de coordinación que ambos han realizado y por otra en el “paraoficial” cantar bilbainadas en el irlandés junto a Jose Luis Sánchez y Marcos Cadenato.
Andalucía (en emoción) no es España. Cómo España no es solo flamenco.
Espero y deseo que el mundo educativo pueda gritar algún día “Yo soy andaluz, andaluz, andaluz (emocionando)”
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* pena no tener el libro, se lo he dejado a un amigo, para poder transcribir esa parte. Lo haré cuando me lo devuelva, porque este me lo devuelve ¡Vamos que si me lo devuelve!

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