Siento morriña…


…Y nostalgia podríamos decir. Estos son momentos intensos a nivel político por la cercanía de las generales y sobre todo por las consecuencias mediáticas de la Conferencia de Paz de San Sebastián. Ayer me junté con antiguos alumnos de un curso que impartí el pasado año, aún nos pudimos sentar en la terraza del bar, increíble en estas fechas. Cuánta razón tienen aquellos que me dicen que ya no tiene nada que ver el refranero otoñal clásico con el tiempo actual, para muestra un ejemplo “en octubre rescoldito en la lumbre”. Quizás de la misma manera no sirvan discursos clásicos sobre el conflicto vasco o terrorismo, quizás estemos en un nuevo ciclo donde la visceralidad y la inquina debamos dejarla a parte. Como con las novedades atmosféricas, de igual forma, nos sentimos incómodos en este nuevo ciclo en el que queríamos usar el paraguas en vez de la sombrilla.
Ayer en este encuentro de terraza hablamos de muchas cosas, pero nadie se refirió a la Conferencia de San Sebastián echo de menos esos momentos en los que el tiempo se para y se habla y se habla de política, con amistades cuyas opiniones distan de las mías, algo que refuerza aún más esa amistad, la tolerancia y el respeto como base relacional.   Quizás sin esas discusiones también esté mermando mi amistad con esa gente querida.
Ayer una de las alumnas, en una dinámica en la que había que identificarse con un personaje histórico lo hizo con Carmen Lomana y no observé en ella un atisbo de provocación. Lo decía en serio, creo que me hubiese sorprendido menos si hubiese elegido a Pol Pot, Argala o al comisario Amedo. No sé, creo que esa insustancialidad es un peligro, creo que darle la espalda en las conversaciones cotidianas a un tema como la conferencia de San Sebastián es un ejercicio de evasión reprochable. Aunque tal vez el hastío y cansancio estén haciendo mella.
Por otra parte está la prensa, acostumbro a echar un vistazo mientras desayuno y así como no echo de menos mi pintxo de tortilla, ya que la tostada con aceite, tomate y jamón cubre su hueco con creces; El Mundo y ABC son los dos periódicos que más se estilan al final de las barras del bar, sin duda viendo la portada uno se resiste a seguir leyendo, necesitaría en estos tiempo un Correo, un Deia e incluso un , pero esos ni en el kiosko.
En fin que hoy es  uno de esos días que sabiendo por qué uno siente nostalgia de  su tierra, y además cree estar perdiéndose, alejado de la cotidianidad, un momento histórico.
Quería compartirlo.

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