Mis lecturas de verano 2011 (II) “Walden Dos”


“Walden Dos” de B.F. Skinner, fue mi segunda lectura veraniega. Aparentemente, por título, es la secuela de “Walden” de Thoureau pero nada tiene que ver con esta salvo que es un experimento de aislamiento y organización paralela a la sociedad, en el primer caso es individual y corresponde al experimiento en soledad que su autor realizó en un bosque llamado Walden. Por otra parte Walden Dos es una comunidad regida por los principios científicos de la ingeniería de la conducta, en la que se hacen referencias al Walden de Thoureau.
Durante toda la novela el doctor Burris nos narra sus impresiones, así como las interacciones allí generadas, primordialmente con Fraizer uno de los pioneros y “planificador” de la comunidad. Burris va de visita a Walden Dos junto a otras cinco personas. La estancia dura cinco días y a lo largo de dicho periodo van descubriendo la vida de esta sociedad utópica dirigida sin gobierno oficial por una serie de planificadores y administradores que suponen la élite sin un sistema democrático, en el que las personas trabajan cuartro horas diarias y el sistema educativo se centra en anular las emociones, para lo cual una de las premisas es anular el concepto familia, viviendo los pequeños en grupos de pares desde su más tierna infancia.
Escrita en 1948 hace referencia a multitud de aspectos de una sociedad desde la política, la religión, educación, sanidad… Aportando una alternativa a lo establecido.
Skinner nombra en una ocasión a Castorn, personaje de la novela “La montaña Mágica” de Mann. Estas dos novelas tienen mucha similitud ya que en ambas se trata de visitantes externos a una sociedad estructurada y organizada de la que en unas ocasiones su enamoran y en otras odian. En ambas visitantes (algunos, no todos en Walden Dos) pasan a ser residentes.
Una novela intensa con profunda carga filosófica y psicológica escrita por uno de los psicólogos más referenciasles e influyentes del pasado siglo XX.

“No predemos el tiempo en enseñar lo inenseñable. La educación estática, representada por un diploma, es un ejemplo de notable despilfarro que no tiene cabida en Walden Dos. No damos valor económico ni honorífico a la educación. Puesto que nuestros niños son felices y están llenos de energía y curiosidad, no tenemos por qué enseñarles “asignaturas”.Solo les enseñamos las técnicas de aprender y pensar.”

 

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3 Comments

  1. Ha pasado una vida desde que leí este texto que apenas recuerdo, pero que no produjo en mí una profunda huella. Hay libros que leí entonces, por ejemplo La isla de Aldous Huxley, y que me marcaron. La isla también es una utopía para mí mucho más interesante que el mundo organizado y planificado de Walden 2. No creo en el cientificismo, ni me atrae el pragmatismo funcional de Skinner.

    Y nuestros niños pierden la curiosidad por aprender y pensar. Prefiero volver a los bosques de Thoreau. Su Walden me resultó apasionante. Tal vez por su influencia mística.

    Y sí, en todo caso, soy partidario de enseñar las técnicas de enseñar a pensar. Es lo único que pretendí hacer mientras mantuve mi entusiasmo. Luego me convertí en un gris profesor que pretendía enseñar la asignatura. ¡Cómo lo detesto! Y toda esa parafernalia didáctica que nos aflige con estúpidas memorias y programaciones que a nadie interesan, que nadie lee y que son totalmente inventadas, y que no sirven para nada.

    Sí, Thoreau.

    1. Ha sido una lectura agadable. Hacía tiempo que la tenía pendiente aunque debía hacerlo cuando estudiaba Psicoogía, me hubiese aportado mucho más. Yo prefiero el Walden dos al uno, porque no deja de ser una experiencia colectiva. La soledad y la meticulosidad de Thoreau hicieron que desistiese de su lectura, habrá otro momento. Soy un lector de impulsos y de priemras impresiones. Acabo de deborar “Anatomía de un instante” de Javier Cercas y es que me encuentro o impulsado a leer página a página sin parar o la desidia me puede y lo dejo. Ahí tengo aún a Mann esperándome. Llevo cinco libros que han interrumpido la lectura que sin ser repudiante,porque me atrae es abrasiva. Me agota. Es como si necesitase recuperarme de tanta historia alambicada. Quizás sea que en su día me deberían haber ensañado a leer como ahora se enseña a pensar. De ser gris eres un gris claro, brillante, no te veo muy oscuro.
      Un saludo, maestro.

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