Leer.es peligroso

Leer.es ha concedido este mes de junio el sello de “Buena práctica Leer.es” al proyecto colaborativo Callejeros Literarios en el que participo por ser integrante del blog Tres Tizas. Algo que, padafdaseando, “me llena de orgullo y satisfacción” porque supone un reconocimiento al trabajo que se viene realizando desde hace unos cuantos meses en torno a la Literatura urbana.

Una de las vertientes del proyecto, familiarmente llamado Callejarios, es la de las fotos de placas, estatutas o motivos relacionados con la Literatura en las calles. Actualmente llevaremos unas 480 y estamos a punto de rebasar la barrera psicológica (especialmente para el compañero Marcos Cadenato) del medio millar de instantaneas litetarias. Cada una de ellas tiene detrás la ilusión de colaborar en este proyecto e incluso alguna tiene su propia historia; sino que se lo pregunten a los atónitos pasajeros de la línea 1 del metro de la madrileña estación Tirso de Molina cuando Marcos Cadenato al abrirse las puertas del tren intentaba, y lo conseguía en el último segundo, “cazar” la placa con el móvil de Jose Luis Gamboa.

Esa tiene su historia y la que preside este post también. Está hecha el sábado, aproximadamente a las 20:40 h.

Me dirigía a la estación de Atocha con el tiempo suficiente como para coger el AVE que me traería a Sevilla a las 21:00, había paseado por la feria del libro del Parque del Retiro y me había detenido en los stands que pude, ya que la lluvia me hacía difícil sortear a los librófilos (y no tanto) que se resguardaban del agua. Según paseaba vi como Javier Reverte, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina e incluso Ana María Matute firmaban libros en diversos estantes. Me hubiese gustado hablar con Matute y decirle lo mucho que me gustó su discurso por el Premio Cervantes, no había mucha gente en su cola; creo recordar que era Muñoz Molina el que  ganaba en metros. No estaba para esperar. Atocha me llamaba, además ya llevaba mi libro “Experiencias educativas en las aulas del siglo XXI” firmado por los coordinadores de la edición: José Hernández, Massimo Pennesi y Diego Sobrino, pena que la coordinadora Azucena Vázquez tuviese mejores cosas que hacer (casarse) que estar en la presentación del mismo, hubiese cerrado el poker de firmas.

La feria del libro se acababa y raudo (no muy veloz) me dirigí hacia Atocha. De repente me encontré con Pío Baroja mojándose con su gabardina y chapela en la cuesta Moyano. El móvil tenía que permitirme hacer esa foto y lo hizo, aunque tardó en arrancar. Empezaba a perder la noción del tiempo, además me iba con una extraña sensación de no llevarme un libro de la feria; cuando me encontré con las treinta casetas de libro usado. Me paré. Pregunté por Salgari y ahí que me dieron unos preciosos libros, demasiado caros, que empecé a ojear y a leer concretamente “La perla roja”. De repente me di cuenta de que podía ser demasiado tarde y así era. Las 20:50. No sabía muy bien el tiempo que me quedaba hasta el tren. Raudo y, esta vez velocísimo, baje la cuesta, bordeé la glorieta de Atocha dejando a mi espalda el Ministerio de Agricultura (menuda semana habían tenido con los pepinos…) y me adentré en la “selva”. Vi en una pantalla que debía dirigirme al andén 6. Me acerco. Veo y recuerdo que ahora hay que pasar control de equipaje, me acerco más y me dice una amable azafata “No aquí no, el AVE en la primera planta” ¡Toma ya! Arriba. Subí. Pasé el control, menos exhaustivo que el de avión, no has de quitarte el cinturón, reloj… y vi como el tren… Estaba allí. Uf. Uf. Uf. Tenía que ir al vagón 8 pero me monté en el 2 y fui dejando un reguero de sudor y casi lágrimas…  hasta que entré en un servicio, me cambié de camiseta y el tren empezó a andar, en la confusión incluso llegué a pensar que me había equivocado de tren y aparecería en Barcelona a las doce la noche de un sábado, que para mí había sido fabuloso.

¿Tiene o no tiene historia la foto 477 de Callejeros Literarios?

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9 respuestas a Leer.es peligroso

  1. Imma dijo:

    ¡Vaya carrera! Casi me haces sudar a mí también leyendo tu aventura. Pero valió la pena. Y además acabó bien. Felicidades.

    • Gorka Fernández dijo:

      Vlió la pena sí señora. Pena no habernos podido despedir como Dios manda. En fin, estamos conectados por aquí todos los días y las despedidas no tienen mucho sentido 😉 Un placer

  2. Joselu dijo:

    Tu crónica no sé por qué me ha recordado en su estilo narrativo directo otros momentos de tu prosa no encorsetada por lo pedagógico. Ya sabes. Una crónica ágil, divertida, llena de sal y pimienta. No sé si leer (literatura) es ya una práctica propia del siglo XXI. Me temo que no. Estos escritores como Baroja (el estilo más antiestilo de los que conozco) quedarán como fetiches a los que casi nadie leerá. Sólo quiero traer a colación dos libros, ambos de 1912: Las inquietudes de Shanti Andía y El árbol de la ciencia. Dos modos de entender el mundo antiguo: la aventura equinocial y la aventura existencial, el vitalismo y la angustia. En eso estamos.

    Felicidades por el premio a Callejarios. Me llena también de placer haberos conocido aunque sea virtualmente.

    Un buen relato.

    • Gorka Fernández dijo:

      Pues sí Joselu es un escrito “máximizado”.
      Aún no he leído “El árbol de la ciencia” aunque lo adquirí en una de esas entregas dominicales y “Las inquietudes…” lo visité cuando cursaba COU,a ambos los tengo en mi librería esperando a ser de nuevo abordados. Se lee, pero de otra forma, no como antes. Lo audiovisual ha entrado con fuerza. Pero no creo que se deje de leer nunca. A nivel personal, voy por rachas actualmente he devorado uno de la alpinista Pasaban, estoy intentando enganchar con Mann en “La montaña mágica” y tengo iniciado uno de los primeros de Mendoza. Soy partidario de lo que decía Borges algo así como que “si no te gusta un libro déjalo”, pero con Castorp me cuesta tirar la toalla, realmente no es que no me guste el libro en sí, quizás sea un libro para ser leído por la tarde y no por la noche a punto de dormir.
      Lo he dicho por ahí una de las desvirtualizaciones más emotivas para mí fue la del pasado sábado con Toni Solano, al que conozco desde que mi prosa no estuviese tan encorsetada. No sé como será el momento en que te conozca personalemente a ti, pero te aseguro que emoción habrá.
      Un abrazo, amigo.

  3. Joselu dijo:

    Yo leí La montaña mágica en un par o tres de semanas por la noche, absorbido totalmente. Su lectura, la intensidad de la misma, me recordó la pasión con que leían a Julio Verne a mis doce años. Uno tiene que v erse en la tesitura de Hans Kastorp, allí en las montañas, en inacción, en la práctica contemplativa, dejándose atravesar por esas reflexiones o diálogos densos y dramáticos. Yo lo leí en uno de mis primeros tratamientos para la depresión y fue un momento total. Luego lo he querido volver a leer y no es lo mismo. Creo que los libros tienen momentos inequívocos para leerlos. Se acierta no se acierta. No temas dejarlo si no te llama. Es grandioso pero nada es imprescindible. Para mí fue un momento cenital en mi vida, pero pienso que fue puro azar maravilloso. Los libros tienen que responder a preguntas que nos hacemos, y si no lo hacen, son insoportables. Un abrazo.

  4. Marcos Cadenato dijo:

    Ufffffffffffffffffffffffffff, por los pelos… Yo en cambio sin móvil y sin netbook ,-gasté toda la batería en la entrega de Premios Espiral- tuve que esperar más de una hora en el aeropuerto, llegué muy tarde a Bilbaol pero -como sabes- me esperaba un bichito rojizo con doce patas…
    Trenes, autobuses, aviones que se van… imágenes que se quedan para siempre en Callejeros…
    ¡¡Las quientas están hechas!!!, ¡¡¡500!!!

    • Gorka Fernández dijo:

      Hay que contratar más celdas. Todo está compensado con unas buenas patitas rojas. Imagino que las 500 ya habremos rebasado, vamos a por las 1000 ¡ La calle es nuestra !

  5. Toni dijo:

    Los que no vivieron esos momentos (me refiero especialmente a Marcos underground) no pueden imaginar las caras de la gente del metro al ver a varios señores talluditos peleando con las puertas y apartando a la gente para fotografiar ¡un gráfico de la línea del metro! (disponible en papel, en PDF, en flash, en jpg, etc. en cualquier momento). Para terminar de enredar, quien hacía las fotos, uno de Bilbao, no sabía cómo funcionaba el teléfono prestado por otro, de Málaga, mientras varios energúmenos, de Castellón, Barcelona o Sevilla, lo jaleaban diciendo “ya queda menos para las quinientas”, una frase que debía sonar a los profanos como contraseña de trileros.
    En fin, que esa intrahistoria es la que nos hace sentirnos vivos y la que da sentido a estas tareas que nunca nos pagarán en términos económicos.
    P.D. Tú y yo sabemos que la desvirtualización de Joselu irá acompañada de júbilo y alborozo. Espero que no tarde.

    • Gorka Fernández dijo:

      Eres un comentarista de calidad cómo te arrancas frases como “una frase que debía sonar a los profanos como contraseña de trileros”. Ayer lei otro tuyo a una actividad de Linda Castañeda sobre Alex de la iglesia en el quele dijeste “tus alumnos tienen nombre de asteroide”, me sacaste una sonrisa. Un placer tenerte como comentarista desde hace tanto tiempo ya. Sí la desvirtualización de Joselu será para enmarcar.
      Salud

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