Nació en Orihuela

Miguel Hernández ante Brigadistas Americanos
Miguel Hernández da un discurso a Brigadistas Americanos

Hoy se cumplen uno de los nefastos días en el calendario, el 20N. Muchas y diversas connotaciones tiene dicha efeméride, pero básicamente lo recordamos por muertes; muertes de personas gratas o nongratas dependiendo el prisma desde el que uno mire su realidad.
Un 20N murió Francisco Franco, otro 20N murió Buenaventura Durriti, otro 20N murió Santi Brouard, otro 20N murió Jose Antonio Primo de Rivera, otro 20N murió Josu Muguruza, si contamos desde el año 1 D.C. en otros 2.004 “veinteenes” murieron otras tantas personas con otros tantos nombres y apellidos.
Hoy, no sé porque me vino a la mente una situación educativa curiosa.
Pocas veces en mi vida profesional me he encontrado con momentos sublimes. Momento sublime lo llamo yo, a ese instante en el que percibes que tu educando no sólo te está atendiendo, sino que además está aprehendiendo (con hache intercalada).
Sucedió una tarde en un “centro de acogida de urgencia” en Hernani, provincia de Gipuzkoa (o Guipúzcoa según se quiera aún no me he acostumbrado).
Una muchacha de unos 12 años llevaba todo el día alterada, rompiendo platos, insultándonos (a los educadores), metiéndose con sus compañeras, era un día tenso; todas las dinámicas de contención fracasaron… Y… a mí (novato por aquel entonces) me tocaba darle “apoyo escolar” ¡Me quería morir! Sobre todo porque me habían puesto delante el libro de lengua y literatura que yo utilicé años antes en 2º de BUP y me dijeron: “ahí la tienes” .
¿Cómo voy a dar yo apoyo escolar a una jenízara de 12 años, como ésta, con un libro de bachilletaro? Pensé.
La muchacha estaba incompresiblemente más tranquila, mire por encima el libro, el estrés se disipaba y… de repente me encontré con Miguel Hernández, leimos su biografía. A la muchacha le impactó sobremanera, que un campesino aprendiese a leer por su cuenta, que llegase a ser una persona de provecho desde abajo, desde lo más hondo.
La biografía del poeta iluminó de tal forma los ojos de aquella muchacha que hoy en día me sigo preguntando: ¿Qué será de esas pupilas? ¿qué estarán viendo en estos momentos?

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